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Una boda con aire de campo (en la ciudad) #cuentibodas

Como organizadores de bodas en Zaragoza nos encanta diseñar bodas en nuestra ciudad, pero cuando unos cuentinovios nos proponen trabajar en el campo disfrutamos como enanos. A veces nos pasa que no podemos darle forma a las bodas del modo que nos gustaría. Hay cosas que en tu cabeza suenan genial, pero al trasladarlas a la realidad son demasiado complicadas. Rosa y Diego, de Zaragoza, querían casarse en el campo, en una pradera, y que su boda fuese una fiesta. Cero protocolos, todo naturalidad. Y comer paella y tortilla de patatas. Que sus invitados bailasen descalzos en la hierba. Pero no pudo ser. Buscamos y encontramos el lugar ideal, pero implicaba un viaje demasiado latoso. Así que planteamos un plan B dentro de la ciudad. Y los llevamos a uno de nuestros lugares favoritos: El restaurante de Bokado, en el edificio del Acuario en Zaragoza. Una enorme terraza, lagos artificiales y la noche como telón de fondo.
El sitio perfecto. Pero nos quedábamos sin ese campo que ellos querían. Por eso Rosa me pidió que su boda no dejase de tener ese toque campestre, aunque se casasen en medio de la ciudad.
No sé si lo recordaréis, pero hace un año os hablé aquí de la futura boda de una amiga mía. Ella es LA NOVIA de este post!!. Su boda ha sido este sábado, hace sólo dos días, así que aún estamos en Cuentos con esa dulce sensación de resaca de boda bonita. Adoro a esta pareja y su boda era algo que me ilusionaba mucho.
Viví con Rose los preparativos en su suite del Híberus. Me emocioné cuando llegué al hotel con el ramo que Marta de Mayula me preparó para regalarle a Rose. Girasoles en homenaje a Olga, una de las mejores amigas de Rosa,  para tenerla cerquita el día de su boda, aunque ya no esté aquí.
La suite de la novia durante un rato se convirtió en el camarote de los hermanos Marx.
Mi querida Ana Bruned, que nos maquilló a las dos, fue testigo de ello. Jesús López, el diseñador del vestido de Rose y amigo personal de los novios, nos hizo partirnos de risa durante todo el tiempo. Y Rosa tranquila como no he visto nunca a una novia.
Fui con ella en su coche hasta la ceremonia y me encantó poder compartir esos últimos instantes con ella. Me parecía increíble que se fuese a casar…
Por la mañana, el cuentiequipo curró de lo lindo (y sudó! Vaya día de solazo!!) decorando la terraza para transformarla en ese espacio especial que Rosa quería. Palets, macetas y botes con girasoles, cajas de madera, baúles, cajas de fruta… Hasta Claudia nos ayudó limpiando los palets de la deco!.

Una barra de limonada y otra de cerveza fresquita recibían a los invitados.

Y para presentar todos los regalitos que habíamos preparado para los invitados, montamos una especie de puestecitos con todo listo para hacer un Take Away: Coge tu bolsa (cosidas por la madre de Rose) y guarda en ella los regalitos de la boda; un jabón francés, bálsamo de labios de Olivia Soaps, y una botella de vino de Aragón. Y para el baile, Dancing Alpargatas y Fun Glasses para posar en el photobooth.
La ceremonia fue sencilla y breve. Prometieron ser compañeros de vida, usaron esas palabras porque a Diego le daba alergia el formato habitual de las ceremonias pomposas. Así que solo esa promesa y un beso lleno de emoción. Las palabras de agradecimiento de Rosa a su familia y a Diego, por aparecer en su vida. Y lágrimas. Y besos. Y risas. Un maestro de ceremonias con corbata de cuadros y zapatillas rojas. Un novio con alpargatas y una novia con las uñas color coral. Y un Sí, Quiero que se llevó hasta el infinito el cierzo de esta ciudad.
Todo esto y algo más de cómo fue esta boda lo podéis ver en estas fotos que hicimos nosotros mismos con estas manitas, así que no seáis muy críticos con el resultado, que las hicimos con cariño pero sin saber hacer fotos.

Me quedo con varias cosas de esta boda:

*Poder trabajar rodeados de amigos; sigue siendo un privilegio para nosotros hacer nuestras cuentibodas con empresas y personas tan profesionales como grandes amigos.

*Con la sensación de ver feliz a una amiga, ella que era antibodas (puntualizo, anti bodas en serie) y ayudarle a ella y a Diego a hacer posible la boda que querían.

*Ver a Claudia bailando con zapatos de tacón. Mientras las chicas los cambiábamos por las dancing alpargatas ella subida a mis zapatos bailando con Jose. (De repente tengo una hija pre-adolescente y no encuentro el manual de instrucciones, socorro!!)
*A las carcajadas en el photobooth y a esas fotos prohibidas.
*A vivir en primera persona y como invitada la sensación de que una boda es una fiesta, la fiesta del amor, como la llamaba Rosa, y a sentir de nuevo que las bodas diferentes, divertidas, y con personalidad propia son posibles. Sólo tienes que querer que sea así. Puedes hacerlo. Aquí está la prueba.
Hoy me hace especial ilusión decir… Vivan los novios!! Yeahhh!!
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NOTA: LAS FOTOS DE ESTE POST SON DE NUESTRA PROPIEDAD. SÉ AMABLE Y NO LAS USES SIN NUESTRO PERMISO. GRACIAS!

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